Publicado
02/06/2016 por

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¿Qué son los enterovirus?


Se tratan de unos gérmenes víricos que suelen causar, de forma frecuente, un cuadro febril leve, autolimitado en la mayoría de ocasiones; cuando no, asintomático. Millones de personas cada año, en todo el mundo, pueden dar fe de ello.

Existen, a día de hoy, 110 tipos diferentes de enterovirus. Actúan preferentemente en las épocas de verano a otoño. Y su huésped predilecto suelen ser los pequeños de la casa.

Son, de hecho, síntomas típicos de una infección por enterovirus los siguientes:

  • Fiebre
  • Secreción nasal, acompañada o no de estornudos o tos.
  • Erupción en la piel
  • Afectación, en forma de vesículas o ampollas, en la cavidad mucosa oral.
  • Y, como la mayoría de los virus que nos afectan, pueden originar cierto malestar general, asociado o no a la presencia de dolores musculares.
  • No son infrecuentes casos de faringitis, o de molestias gastrointestinales.

Lo que no es tan frecuente, y ha dado lugar a la actual alarma sanitaria desencadenada en Cataluña, es la aparición de cuadros neurológicos graves, tórpidos, de control más difícil, y que han generado gran alarma social. Los niños afectados tenían, en común, ser menores de 6 años.

El tratamiento suele ser simple y muy eficaz

Al menos, en los casos banales, explicados inicialmente, y que suelen ser la inmensa mayoría. Tan simple como un apoyo a las funciones básicas de la persona: Una conveniente hidratación, acompañada generalmente de algún antitérmico, si la temperatura corporal aumenta de forma importante. Y poco más, pues en la inmensa mayoría de los casos, una infección por enterovirus suele ser un cuadro leve, que suele recuperarse de forma completa, y rápida. 


¿Podemos evitar el contagio?


Como su nombre indica (“entero” significa “intestino” en griego), su hábitat habitual es el tubo digestivo. Por lo que es fácil entender que las medidas preventivas de contagio van a pasar por una buena higiene de las manos tras ir al baño (con agua y jabón; o soluciones alcohólicas adecuadas) o cambiar un pañal. Si pensamos que una persona puede padecer este tipo de infección, conviene evitar contacto con otras personas convivientes en el mismo domicilio. Y en el caso de los niños, no llevarlos a la escuela mientras presenten fiebre.

Hemos de tener en cuenta que estos virus, en un 90% de los casos, se encuentran en la faringe durante la primera semana después del inicio del cuadro clínico; y que pueden persistir en las heces del paciente hasta 2 semanas después del mismo. Por tanto, ante algún pequeño que sepamos seguro que ha pasado el cuadro vírico, deberíamos asegurarnos que no transmite la infección por esa vía (fecal-oral), utilizando una buena higiene de manos.

Pero también hemos visto que podemos encontrar al virus en la faringe, o en las secreciones nasales, por ejemplo. Para evitar el contagio en estos casos, taparnos la boca al toser o estornudar nunca estará de más. 

 

¿A qué se han debido los casos con afectación neurológica reciente?


Pues nada menos que a la inflamación del tronco central del cerebro, que suele “gestionar” el lenguaje, la deglución y la respiración; funciones tan básicas, y a la vez, vitales. Esta inflamación, que en terminología médica recibe el nombre de “rombencefalitis”, puede considerarse un cuadro alarmante, pero raramente comportan un riesgo vital real, y suelen acabar de forma favorable en la mayoría de ocasiones. Pero, como es de suponer, se trata de un cuadro muy aparatoso, y preocupante para los padres de los pequeños.

De entre los más de 110 tipos de enterovirus, parece que el D-68, que ya era conocido anteriormente por generar cuadros respiratorios y/o neurológicos graves en otros países (EEUU, Canadá, Europa), ha sido protagonista en alguno de los casos con afectación neurológica diagnosticados en nuestro país. 

 

¿Cómo se diagnostican estos casos?

 

Primero, sospechándolos, por la clínica que hemos descrito. La confirmación diagnóstica llegará de la mano de pruebas de laboratorio que permitan detectar la presencia del virus en aspirado nasofaríngeo, heces, o incluso de líquido cefaloraquídeo.

Una vez detectada la presencia del enterovirus en alguno de estos fluidos corporales, pruebas diagnósticas de imagen (una resonancia, en especial) o neurofisiológicas (un electroencefalograma inicialmente; y posteriormente un electromiograma, que nos permita conocer si se ha afectado la inervación de los músculos por parte de las neuronas motoras, y con ello, la presencia de cierto grado de parálisis motora) va a servirnos para conocer la afectación real del pequeño por parte del enterovirus. 


¿Cómo saber si mi hijo está infectado por enterovirus? ¿Qué síntomas deben alertarme?

 

Hemos de sospecharlo si nuestro pequeño, durante un cuadro febril elevado, presenta temblores, sacudidas de miembros, debilidad muscular generalizada (parálisis flácida), dificultad al tragar, o somnolencia muy marcada. Si además el chiquitín presenta una erupción en la piel, acompañada, o no, de vesículas en la mucosa oral, no debemos demorarnos en la visita a nuestro pediatra de confianza.

Bibliografía:

Protocol d’actuacions enterovirus en població pediátrica 

Notas de prensa:

Salut confirma que no hi ha cap cas nou per enterovirus amb afectació neurológica 

29 menors ingressats per enterovirus amb afectació neurológica


Dr. Francisco Marín