Publicado
30/05/2016 por

¿A alguien se le ha ocurrido pensar que un diccionario pueda leerse como si se tratara de un libro más? Y voy más lejos ¿Y leerlo como si fuera un libro de humor? Hace algún tiempo descubrí que ambas cosas eran posibles. Las palabras tienen infinitas posibilidades humorísticas que sólo esperan ser descubiertas.

Lo que viene a continuación no pretende ser una panacea para que todos nos convirtamos en genios del humor. La creatividad, sea en el campo que sea, no obedece a fórmulas ni a mecanismos concretos. Seguro que todos conocemos a alguien que es muy gracioso contando chistes, y sin embargo ese mismo chiste contado por otra persona pierde buena parte de su gracia. Hay que tener un cierto don, habilidad o como queramos llamarle. Así pues, aunque este escrito no pretenda ni pueda ser la piedra filosofal, sí puede darnos algunas claves interesantes y, sobre todo, graciosas.

No tengo la intención de escribir un ensayo farragoso o cargar este escrito de elucubraciones que no lleven a ninguna parte. Mi objetivo es mostrar como se construye el humor con las palabras, algo que muchas veces es instintivo, pero que al analizarlo podremos comprobar como existen unos ciertos patrones que se repiten.

Una de las formas para lograr un efecto humorístico consiste en buscar la simbiosis entre dos o más palabras. Por ejemplo, si unimos abeja y vejación obtenemos abejación, lo que podemos rematar con la definición: “humillación que sufre una abeja”. Lo mismo ocurre con envidia y vidrio. En este caso nos sacaríamos de la manga el término envidrioso, cuyo significado podría ser, por ejemplo: “cristalero que envidia a los demás miembros de su gremio”.

Otra manera de jugar con las palabras radica en el cambio de letras con el objeto de modificar su significado, o bien intercambiarlas de tal modo que su definición pueda mantenerse con el correspondiente aporte de humor añadido. Si bien la primera sería bastante simple, esta segunda opción requiere bastante más destreza mental. Un ejemplo de la primera sería cambiar adelgazamiento por acelgazamiento. Y la definición, por otra parte obvia: “régimen a base de acelgas”. Para la segunda tomemos las palabras arribar y antisemita. Al intercambiar las letras obtenemos: abirrar y antimesita. Y sus respectivas definiciones, más elaboradas, podrían ser: “llegar a la costa un barco cargado de cerveza” y “personas que detesta las mesas, sobre todo si son judías”.

También se puede buscar el humor partiendo una palabra cualquiera y modificar su definición. No todas las palabras se prestan con el mismo humor. Veamos unos cuantos ejemplos: infiernillo: “lugar al que van las personas malillas”. Epílogo: “disculpas que se piden al final de un libro”. O factura: “presupuesto multiplicado por dos o tres”.

Quizá uno de los más comunes y a veces un poco cansinos, son aquellos que buscan el juego de palabras tomando como punto de partida los diversos acentos, tanto nacionales como internacionales. Veamos tres ejemplos; sin ir más lejos la propia palabra acento es una candidata idónea. Al poner el acento (y dale) en “o” se podría traducir por: “hacen todo”. Otra variable sería arabismo, reconvertida en: “ahora mismo”. Las definiciones, en la mayoría de casos suelen ser demasiado obvias por lo que, a mi entender, quizá sean las más difíciles para lograr una cierta calidad en el humor. Quizá aledaño sea una de las excepciones. Su definición sería: “Ultimo pensamiento de un kamikaze japonés antes de estrellarse”.

Otra forma simple, aunque no por ello menos graciosa, sea encontrar el doble sentido de una palabra. Probablemente también este es un terreno profusamente explorado. Aún así veamos unos ejemplos: acercaba puede pertenecer al verbo acercar, pero también puede significar “hacer cava”. Lo mismo sucede con desalojo y el verbo desalojar. Si lo separamos de este modo “des al ojo” la definición puede cambiar considerablemente. Y por último tenemos el verbo escaparse, cuya oportuna separación en “es caparse” nos pone ante la vista una autolesión de lo más dolorosa.

La comparación muchas veces se presta igualmente al humor. Y las palabras no están exentas de esta posibilidad. En este caso la definición no es lo más importante, por obvia, sino la construcción de la nueva palabra. Así pues, veamos tres nuevos ejemplos: De ningunear pasamos a algunear. De apeadero a ameadero. Y de cantamañanas a bailamañanas. A partir de estos nuevos conceptos, seguro que a todos se nos ocurre una definición humorística que se adapte a ellos teniendo en cuenta la base de donde proceden.

Una forma original podemos hallarla en los personajes famosos o que han pasado a la historia. El humor aquí no está tan sólo en la modificación del nombre; la definición puede ser tan importante o más que la propia palabra. Veamos tres ejemplos que nos recordarán antiguos personajes históricos griegos que la mayoría conocemos: Demóstenes, Anaximandro y Heráclito. En mi libro se han convertido en Demóstoles “famoso político y orador de la provincia de Madrid”. Aproximandro: “filósofo que estuvo cerca de descubrir algo” y Heraclítoris “filósofo hermafrodita”.
Hay veces que la propia palabra, real o inventada, ya nos da la definición. Es un todo en uno. Estos dos ejemplos pueden ilustrar muy bien lo que digo: Autopizza, que sería “una autopista italiana”. O etanol, que muy bien podría ser el “grito de guerra de Chiquito de la Calzada encabezando una manifestación anti ETA”.

Otro aspecto humorístico de las palabras se produce cuando al quitar o modificar una letra conseguimos, al mismo tiempo, que la definición siga manteniendo las características de la original. Veamos: Bárbaro por bávaro. Y la definición: “que hace bavaridades”. Decomisar por decamisar. Y la definición: “confiscar una camisa”. Y por último fornicar por formicar, cuya definición sería: “adulterio entre hormigas”.

La creación de nuevos lenguajes, tan en boga hoy en día, también puede ser aplicable en el humor de las palabras, y con excelentes resultados. Así tenemos conceptos tan conocidos como biombo, caviar o cisne, que al pasar por mi particular criba humorística dota a las palabras de un nuevo significado. La primera sería “pain de miolde”, la segunda “hacer agujieros” y la tercera “sala donde se proyectas pelisculas”.

Una técnica interesante, muy empleada en otros ámbitos, es la que juega al despiste. También aquí podemos hacerlo. Por ejemplo con estas dos palabras: cercano y helvético. En el primer caso su significado sería “lejos”. No, no. No es ninguna contradicción. Si separamos la palabra cercano para convertirla en “cerca no”, entonces ya no parece tan extraña la definición. Y con helvético pasa otro tanto. ¿Suizo? No; Sevillano. “El bético”.

Otra manera bastante simple de buscar la vertiente humorística está en la construcción de la palabra. En este caso la definición no tiene tanto peso, aunque también puede ser muy interesante por la manera que complementa la palabra. Estos dos ejemplos creo que muestran bien lo que digo: cabronífero: “periodo de la era primaria en que hicieron aparición los primeros cabrones”. Caspacidad: “cantidad de caspa que cabe en una cabeza”.

Hay ciertos apartados que por sí mismos ya parecen generar humor, a veces, sin un excesivo esfuerzo. Entre ellos está lo referente a la escatología. Aquí es interesante tanto la palabra como la definición. Como ejemplo estos tres: cacarucho “helado de mierda”, cacaño: “Que caga poco” y caquígrafo: “persona cuyo oficio es contar cacas”.

Y si lo escatológico parece contar con algún punto extra, no digamos ya todo lo referente al sexo. Cabe señalar que también aquí tiene tanta importancia la palabra como la definición. Siguiendo con la tónica, en este caso pondré cuatro ejemplos: cantimpolla: “recipiente para beber cuya forma cualquiera puede imaginar”, chochear: “si bracear es mover los brazos…”, cipotenusa: “el cuadrado de la cipotenusa es igual a la suma del cuadrado de los huevos” y desfollecer: “estar exhausto de tanto follar”.

Hay también algunas palabras que en sí mismas parecen estar contándonos toda una historia. Para este caso tomemos como ejemplo estos dos términos: colonoscopia y consumicción. En la primera “Colón os copia” nos retrotrae a los tiempos estudiantiles del insigne descubridor, mientras que la segunda nos podría estar hablando de un abuelete que se va al hospital con su potecito de orina a que le hagan unos análisis.

La geografía también es un buen recurso para encontrarle el lado gracioso, aunque en mi opinión algo limitado. Veamos tres ejemplos: halagüeño: “natural de Hálaga”, rancia: “aís ituado al orte de Spaña” y retorgijón: “dolor agudo que se produce al llegar a Gijón”.

También los animales, por alguna extraña razón, parecen contar con un cierto plus humorístico. Tanto la palabra como la definición pueden tener un peso importante a la hora de conseguir el efecto deseado. Veamos tres ejemplos más: ratolicismo: “fe de ratas”, nutricionista: “que se alimenta de nutrias” y perrillero “perro del Che”.
Otro campo abonado al humor es la política. Puede ocurrir que la palabra sea lo importante, puede ocurrir que sea la definición o puede que sean ambas cosas. Pasemos a los ejemplos para comprobarlo: Piquecanthropus: “Homínido aparecido en Cataluña y que al parece se extinguió pronto”. Presoe: “Dícese de los socialistas en tiempos de Franco”. Rajoy: “Carismático presentador del programa radiofónico Rajoy por hoy”.

Otra fórmula interesante que he encontrado para jugar con las palabras es la adivinanza. El sistema es el mismo, lo único que cambia es el formato. Sería algo tan simple como plantear la pregunta a modo de adivinanza. Por ejemplo: ¿Qué nombre se le da al sistema anticonceptivo utilizado por los ciervos? Y la respuesta sería El precervatillo. O esta otra: ¿Cómo se llama el sindicato al que está afiliado Shrek? Y la consiguiente respuesta: Comisiones Ogreras.

Las frases, refranes, expresiones, dichos o cualquier idea que contenga más de una palabra también puede dar mucho de sí. Frases que oímos por ahí, como por ejemplo código de barras, la podemos transformar en código de guarras, cuya definición sería algo así como “sistema para abonar servicios sexuales”. Un ejercicio de todos conocido consiste en jugar con las iniciales, como por ejemplo he hecho con CSI Las Vegas. La definición, con la que estarán de acuerdo los seguidores de la serie, es la que sigue: “Casi Siempre Investigamos Lamentables Asesinatos. Si Viene El Grissom Acertamos Seguro.


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